Sanitaria, como deseó desde su infancia, había estudiado Medicina, especializándose en Análisis Clínicos en la Fundación Jiménez Díaz de la Universidad Autónoma de Madrid, y en Medicina del Trabajo por la Universidad Complutense de Madrid.

Inició su actividad laboral en el Ministerio de Sanidad y Consumo en el departamento de Epidemiología, viajó al Líbano y realizó actividades sanitarias en el Hospital Jacume, y en Jabal Amel de Tiro (Líbano), y a su regreso a España se incorporó al Centro de Transfusión de la Comunidad Valenciana;  más tarde pasó a los Servicios Centrales de Sanidad para afrontar la  organización del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del Sector Sanitario Público. Ahora esta jubilada y añora sus tiempos de trabajo.

Días de aislamiento, en plena pandemia, desde la soledad pensaba …, pensaba en su trabajo, ese que le hacía tanta falta, era una trabajadora nata y aquella inactividad, a la que todos llegamos cuando el tiempo de trabajo se agota en tiempo de jubilación,  le dolía en el fondo de su alma.

Pensaba en lo que nos hace buenos a los hombres y mujeres que vivimos en un mundo de vaivenes y arrebatos, en un mundo paralizado por un virus.

.¿Paralizado?,  -se preguntaba. -¡No! -le gritaron sus neuronas.

El caudal de humanidad que emanaba de esta sociedad se hizo presente en su memoria. Sanitarios, científicos y personal imprescindible seguían a pié de obra luchando con sus saberes para combatir el daño, y la sociedad ante ello, no retrocedió ni un paso y continuó en su entrega con ellos colaborando.

“Donantes de sangre, órganos y tejidos, seguían la entrega de una parte de si mismos, para continuar luchando. ¡Que no se parase esto que necesitamos tanto!”.

Recordó su tiempo de trabajo, su tiempo de actividad en aquel Centro de Transfusión, que desde los años ochenta, y con las directrices de la Sociedad Española de Transfusión Sanguínea (SETS), organizaba la cobertura para cubrir las necesidades de hemoterapia que demandaba la sociedad, desde una sanidad bien estructurada. 

“Recordaba como en las colectas, desplazadas a los lugares donde la gente vive,  y en determinados puntos fijos, previamente establecidos, ciudadanos altruistas y buenos,  extendían sus brazos para entregar ese fluido de vida”, para las actividades de curación que precisan de hematíes, plasma, plaquetas y factores que de ello se obtienen,  para seguir transfundiendo, para no parar cirugía ni trasplantes, para continuar la lucha por conseguir una sanidad que  entre todos se persigue sea perfecta, y que en tiempos de demanda hospitalaria, cuando las UCIs están repletas, en un mundo que se agita ante una curva de pandemia que se pretende vencer con la solidaridad social, se materializa también con la donación de sangre”.

Asociaciones de Donantes de Sangre,  que voluntariamente ponían su tiempo a disposición de esta sociedad, aún sufriendo la pandemia, organizaban colectas, y difundían las necesidades que no se detenían,  y  la gente acudía para realizar su ofrenda. Colas de espera, selección de aptitud, y brazos extendidos de los que fluía el líquido salvador de muchos.

Hizo presentes las noches en el laboratorio, analizando las muestras de la sangre colectada para que llegase al circuito vascular de los enfermos con la calidad deseada, con la pureza esperada, con la ilusión del donante que la entrega.

“La promoción de esta actividad que demandaba la persistencia de voluntarios hacía que nueva gente se incorporase a ofrecerse como donantes, los jóvenes eran el reemplazo de los que ya eran veteranos, y que llegaban al fin de su periodo de donantes activos”.  Jóvenes que la mayoría de edad estrenaban se incorporaban al grupo.

Había tratado de imprimir en sus nietos el sentimiento de la colaboración y el altruismo y ello había dado su fruto.  Su nieto mayor que cumplía 18 años, para la celebración de un momento tan importante en su vida, decidió hacerse donante.

¡Abuela!. Hoy me he hecho donante de la sangre de mis venas, quiero hacer algo bueno  por esta sociedad en que vivo. – ¡Como se sentía ella!, orgullosa de aquel nieto, feliz de que aquel joven fuera su descendiente.

Y así proseguía la Donación de Sangre, tan imprescindible, tan necesaria para continuar manteniendo  esa, nuestra tan preciada Sanidad. ¡Gracias donantes!.

 Nota: La Dra. C.Garcia Escutia es, actualmente, como dice ella una médica nostálgica.